logo

El lugar.


I

Esperar a que se aparezca cada veinte minutos aproximadamente el camión abarrotado; colocarse adelante de los que quieren abordarlo; tener el suficiente descaro para empujar a los pasajeros fuertemente con las manos pegadas al pecho y así abrirse paso hacia el interior del vehículo, aunque ya no quepa; viajar con un calor impresionante y llegar sudado.

Prefiero manejar. Aunque haga dos horas más de viaje por el tránsito tan congestionado, no me importa; aunque tenga que dejar mi auto a cuatro colonias de distancia porque en la que trabajo y en las aledañas nunca hay lugar de estacionamiento, no me importa; aunque tenga que recorrer en el transporte público más de cincuenta calles para ir desde donde estaciono el coche hasta mi oficina, no me importa. Lo que sí me preocupa es que cada día tengo que estacionar un poco más lejos el auto, ¡nunca lo he estacionado en esta colonia porque nunca he visto un lugar disponible! Hace algunas décadas lo dejaba en la colonia vecina y llegaba caminando… Aquí siempre hay demasiada gente, las 24 horas del día, los 365 días del año. Lugar para estacionarse, ¡jamás!

II

¡Hoy en la mañana encontré un lugar de estacionamiento vacío en la misma colonia donde trabajo, a sólo cuatro cuadras de la oficina! Por supuesto que me estacioné allí sin aún creer el suceso tan extraordinario, luego dormité media hora porque haber encontrado ese lugar me ahorró tiempo. Al final de la jornada laboral, fui por mi carro. Mientras lo abría, escuché un grito: —¿Vas a salir? —me gritó desde su automóvil. No lo pensé ni un instante. —¡No! —le contesté. Me regresé a la casa en el transporte público. ¡No perderé mi lugar de estacionamiento tan fácilmente!

Datos.

  • Fecha:
    2010.
  • Sígueme en Facebook: